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Santísimo Robado
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La historia del Santísimo Robado 

El 17 de febrero de 1642 fue robado el Santísimo Sacramento de la Iglesia de Alberite. Los ladrones fueron tres, siendo uno de ellos muerto a puñaladas por los otros dos compañeros; desde entonces en dicho campo se ha advertido una notable esterilidad, de modo que siendo antes fértil, abundante y fecundo como todos los que le rodean, este se ha visto siempre el desengaño de no responder con fruto al mayor esfuerzo en la labor de cultivo. El que guardó el Copón con las seis formas y media consagradas, se quedó inmóvil en el campo, y hasta que no se ofreció a entregar las formas robadas no recobro el movimiento;  a la vista del prodigio determinó entregarlo al Vicario de Malón, quién, a su vez lo deposito en le colegio de la Compañía de Jesús; el rector lo puso en conocimiento del Vicario general y éste creyó dar solemnidad al asunto y dejarlo con el Sagrario de la Catedral de Tarazona con permiso del Cabildo.

            Avisado el pueblo de Alberite, vino de él una gran comitiva para hacer la traslación el Miércoles de Ceniza, pero hubo  tan continuas y abundantes lluvias que se dilató el traslado hasta el segundo domingo de Cuaresma. Este día (16 marzo) reuniéronse en la Catedral todo el Clero, religiosos, cofradías y veinticuatro síndicos de Alberite. La Catedral nombró deán, ocho canónigos, cuatro racioneros y otros prebendados, hasta el número de cuarenta, con toda la música; la ciudad designo dos Jurados y diecisiete caballeros, organizándose la brillante comitiva para restituir el Copón y las formas consagradas al pueblo de Alberite. Dicen los historiadores de la época que iban trescientos con luces y que llegaron a ser seis mil personas las que asistieron al acto.

Llegando a Vera la brillante comitiva, salió en procesión con la típica danza de jóvenes; lo mismo hicieron los de Ambel, y en la procesión que se hizo por el pueblo atropelló la carroza a dos caballeros de Tarazona que iban alumbrando junto a los estribos, con gran peligro de sus vidas, pero salieron ilesos teniéndose el caso por milagroso.

            En Ainzón salió también la danza con todo el pueblo y veintiún estandartes, atronando al aire los vítores, música y tiros, uniéndose también Bureta a su paso por dicho lugar, y todos juntos llegaron a Alberite, donde se habían juntado  Magallón, Tauste y Mallén, con tanto concurso “que excede toda la exageración”.

Una vez allí, el jurado mayor de Tarazona, apeándose, quitó el estribo del coche muy glorioso de que se hubiese encomendado este oficio. El vicario incensó al santísimo y se organizo la procesión, en la que iban muchísimas luces de Tarazona, Ambel, Magallón, Tauste, Mallén, Ainzón, Tabuenca, Ambel, Vera, El Buste, Bureta, Bulbuente, Pozuelo y las de Alberite. Cerraba la procesión la Santa iglesia de Tarazona con hábitos corales (un arcediano y siete canónigos). Figuraban en ellas “seis danzas”; dos de Tarazona, una de Ainzón, una de Tabuenca, otra de Magallón y una de Alberite. Las varas de plata del Palio fueron llevadas por dos caballeros y dos ciudadanos de Tarazona, precediendo a don Diego Ram de Montoro; iban alumbrando detrás una multitud de más de diez mil personas. En la Plaza del pueblo se monto un altar y en le fue colocado el Santísimo Sacramento, tras ello se dijo misa, que comenzó a las dos de la tarde. Al finalizar el Dean mostró las formas al pueblo las formas consagradas que fueron llevadas a la iglesia, haciendo entrega de ellas al Vicario y a los Jurados de Alberite.